La deuda asciende a unos 23 millones de pesos y data de 2015. Muchos viticultores ya lo dan por perdido. Inician gestiones para destrabar el cobro.
“Algunos lo han dado por perdido”, así describió Emiliano Gilbert, productor vitivinícola del Este, la situación que atraviesan aquellos productores que requerían de ayuda, en uno de los peores 10 años que atravesó la industria, pero que no la recibieron, ni en tiempo ni en forma.
En 2015, el gobernador Francisco Pérez le prometió a los productores dos operatorias, las cuales nunca terminó de cancelar y de hecho se hicieron los anuncios pero no se asignó una partida específica. Esto ha dejado a los productores a la deriva y sin posibilidades prácticamente de cobrar.
La primera fue de compra de uva con destino a jugo concentrado de uva. En aquel entonces, con dinero de la Nación se comprometieron a compensar el precio de la uva con destino a mosto.
De esta forma el Estado aportaba $ 0,75 por kilo de uva con un tope de hasta 110 mil kilos por productor de hasta 30 hectáreas, mientras que las empresas privadas pagaban $ 0,85 por kilo de uva, con el objetivo de lograr un precio base de $ 1,60. De esa operatoria unos 50 productores quedaron sin recibir el pago estipulado.
Mientras que la segunda, consistía en un aporte no reembolsable para cosecha y acarreo para pequeños productores de $ 4.000 por hectárea subsidio del que sólo pagó el 60%. De allí unos 4.500 productores por 20 millones de pesos quedaron sin pago.
Productores en eterna espera
La situación se replica en varios productores que llevan esperando más de una vendimia para cobrar lo adeudado. Cabe recordar que fue en 2015 cuando la industria registraba precios estancados por más de cuatro años, para las uvas con destino a vinos básicos.







