Como sucede a nivel nacional, las CGT y las CTA impulsan procesos de unidad, aunque con tiempos y criterios diferentes. Reclamos y posibilidad de un paro en agosto.
sindicalismo mendocino habla de “unidad” en diferentes idiomas y con distintos plazos, aunque sus más diversas expresiones se ven las caras más seguido a medida que suben las disconformidades y los reclamos por las subas de precios y tarifas.
Los dirigentes gremiales amagan o adoptan posturas más combativas y crecen las distancias con el gobierno.
Sin la existencia de una oposición política homogénea y fuerte, muchos de ellos se perfilan para ocupar un espacio vacante.
“Le debemos un paro a este gobierno”, dispara Pablo Michelli desde una CTA. “Huelga general” propone el portuario Juan Carlos Schmid, el candidato del moyanismo a encabezar la CGT unificada.
Los principales dirigentes provienen abrumadoramente del amplio arco político opositor (peronista, kirchnerista, massista o de izquierda) que mantiene fuertes diferencias de fondo con un frente gobernante radical-macrista, tanto a nivel nacional como en la provincia.
Esto se evidencia en Mendoza, donde la parte fundamental del gobierno es de la UCR; sólo en algunos segundos y terceros planos del Pro, el PD o el Frente Renovador y los márgenes cercanos casi a la nada de Libres del Sur y el Partido Socialista.
La CGT nacional se ha fijado plazos de unidad para el 22 de agosto y las CTA siguen amagando una fusión que aún no parece próxima a consumarse. Todos hablan de “unidad en la acción”. En Mendoza hay un puñado de gremios (integrantes o cercanos a la Intersindical) que quiere anticipar la fecha de la normalización cegetista, en un proceso provincial “similar a los de La Pampa, Córdoba y Santiago del Estero”, consignan.
Esto no convence a las cabezas de las CGT, Rodolfo Calcagni (Sipemom) y Jorge Córdova (Supeh), quienes han acordado esperar a que todo se resuelva primero a nivel nacional para -sólo luego- normalizar en Mendoza.
Calcagni es un dirigente peronista cercano al renunciante Hugo Moyano (Camioneros) que no tuvo empachos en tomar distancias del cristinismo.
En tanto Córdova es un peronista tradicional de los que decide acercarse o distanciarse de los oficialismos según las conveniencias gremiales, antes que ideológicas. Ambos rechazan “los inventos sindicales” y, al momento de la normalización de la CGT, exigirán personerías jurídicas reales a los gremios.
Acompañan esta postura organizaciones como las de Canillitas de Raúl Camargo y Estaciones de Servicio de José Scoda.
Mientras, la UOM de Luis Márquez (un peronista de la línea del kirchnerista Antonio Caló) aparece en Mendoza destinando su energía a un proceso electoral interno con dos agrupaciones.
Los partidarios de la “normalización ya” integran el denominado Movimiento de la Lealtad Sindical, conducen gremios privados medianos y pequeños y se muestran más opositores al Gobierno.
El martes pasado llevaron a cabo un plenario en Aguas Gaseosas y este fin de semana tienen previsto redactar el pedido a Calcagni para que convoque al plenario normalizador de la CGT que -justamente- él prefiere postergar para después del 22 de agosto. Dos de los dirigentes más activos de este sector son Rolando Firmani (Lecheros) quien solicita “una CGT movilizada y en la calle”.
Y Oscar Arancivia (Sutiaga) que reclama un plenario normalizador con sindicatos “en igualdad de condiciones”. Proceden de vertientes progresistas del peronismo y mantienen buenos vínculos con los gremios estatales más movilizados de las CTA, es decir con ATE y SU TE. También comparte esta postura el titular de Satsaid (TV), Marcelo Aparicio, un kirchnerista cercano al emblemático ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Estatales
Ambas ramas de la CTA mantienen una diferencia frontal con el gobierno de Alfredo Cornejo, que se evidenció en los desacuerdos y decretos salariales del primer semestre. Y que ahora reaparece durante el segundo semestre con el rechazo oficial anticipado a los pedidos de reapertura de paritarias y con la continuidad de los planes de lucha.
“Nosotros ofrecimos dejar la negociación abierta y el SU TE rechazó la propuesta”, afirman en la Casa de Gobierno en referencia a sus primeras propuestas en paritarias. Claro que el rechazo gremial apuntó contra el Item Aula y el porcentaje ofrecido -más que a la “reapertura” propuesta- pero esto “hizo caer toda la propuesta”, dicen desde el gremio docente.
“Hagan lo que hagan no reabriremos paritarias”, lapidó el propio Cornejo. “Vamos a pedir formalmente la reapertura. La reapertura no tiene que ver con lo que nosotros hagamos, sino con la necesidad que tengan los trabajadores”, respondió Roberto Macho de ATE.
“Cornejo no puede ser un Gobernador obtuso que no vea la necesidad de sobrevivir a la inflación y a los tarifazos”, disparó desde la otra CTA, Gustavo Correas del SUTE.
Macho como Correas proceden de franjas políticas del progresismo ubicadas entre el peronismo y la izquierda del Partido Obrero, aunque difieren sustancialmente entre sí por el anti y prokirchnerismo de uno y otro.
ATE tendrá asambleas esta semana y el SUTE avanzará en la preparación de la Marcha Federal de agosto. El SU TE, que conduce Adrián Mateluna, es el mayor gremio estatal de la provincia. Como CTA, esta semana demandó a Ecogas por no respetar el fallo de la jueza federal Olga Pura de Arrabal que fijó un techo de aumento al gas del 80 por ciento para Mendoza.
Aún sin reapertura paritaria, los acuerdos y decretos del Ejecutivo establecen la aplicación desde agosto de la segunda parte del aumento anual 2016, ya que fue resuelto en dos tramos. En el caso de los docentes la asignación de la clase, que ya tuvo una variación del 7 por ciento desde marzo a julio, tiene previsto otro 7,7 por ciento desde agosto a diciembre.
Otros gremios
Por afuera de los nucleamientos gremiales sobresalen dos sindicatos con peso propio y márgenes de independencia.
Uno de ellos es la Asociación Bancaria, cuyo máximo dirigente es Sergio Palazzo. Se trata del gremialista mendocino con mayor proyección nacional. Tiene procedencia radical, pero sus convicciones alfonsinistas lo alejan kilómetros de Juan José Aranguren el más explícito de los “ceo-ministros” de Mauricio Macri, sobre cuyo “aprendizaje a prueba y error” le dedicó una diatriba con insulto incluido.
“Se ha tomado dos semanas en el gremio”, contestan en la Asociación Bancaria en Buenos Aires cuando se pregunta por Palazzo. Todo indica que evalúa un desembarco en una CGT nacional normalizada, como uno de sus triunviros o como la cabeza.
El otro es Guillermo Pereyra del Centro Empleados de Comercio, el gremio privado con mayor número de afiliados. Pereyra es diputado provincial por el Frente Renovador y por lo tanto integrante de un massismo que ha ido evolucionando desde su inicial oposición funcional al oficialismo macrista, a una menos complaciente y más crítica, post-tarifazo.
En Mendoza, Pereyra integra el oficialismo provincial, pero se permite tener decisiones propias en la Legislatura en los temas sociales o laborales.
Advertencia por aumento de las tarifas
El jefe de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, acusó ayer al Gobierno de exhibir “muchas improvisaciones” y le advirtió que “debería tener más cuidado” en los aumentos tarifarios.
“Le diría que trate de que los funcionarios no tomen medidas que sigan afectando a los sectores más sensibles y de menos recursos”, le recomendó Moyano al presidente Mauricio Macri, al señalar que eso significa “quitarles un plato de comida en la mesa, y eso es muy delicado y doloroso”.
El jefe del Sindicato de Camioneros sostuvo que “hay situaciones que crean malestar porque son aumentos desmedidos que afectan a los sectores más sensibles de toda la sociedad y también a comerciantes, a los que tienen trabajo”.







