No salió nada. La historia ya había arrancada torcida, en realidad, cuando el miércoles pasado se decidía en AFA que la B Nacional arrancaba este fin de semana.
Independiente debió salir abruptamente a buscar vuelos y hospedaje en menos de 24 horas para realizar uno de los viajes más largos y agotadores de la competencia. Sin combinaciones posibles, el equipo tuvo que volar hasta Comodoro Rivadavia y, desde allí, unir los más de 500 kilómetros vía terrestre.
El jueves iba a salir un nuevo boletín con malas noticias: Cardozo y Lugo se lesionaban en el amistoso ante Gutiérrez. El viernes se volvía a alterar la normalidad cuando le comunicaban al cuerpo técnico que se especulaba con la posibilidad de ir a Madryn por tierra (más de 23 horas de viaje). Los planetas parecían alinearse contra la Lepra.
Ayer, la hostilidad del viento hacía presagiar que todo se iba a hacer cuesta arriba en el Raúl Conti. Sufría el equipo en esa primera etapa y apenas arrancaba el complemento, el mismísimo viento mandaba dentro del arco de Aracena lo que claramente era un centro de Figueroa.
La fortuna no estaba del lado de Independiente. Y para completar el magro panorama, diez minutos más tarde, Facundo Curuchet golpeaba con una de las paredes laterales del estadio y debía ser hospitalizado.
Pasó de todo. La única buena es que lo de ‘Curu’ al parecer no fue grave. Del resto, fue todo para el olvido. Que All Boys que sea la fecha 1 del Azul que esperamos todos.







