Motivadas por el buen clima unas 30.000 personas se trasladaron a ese paraje lavallino para demostrar su devoción a la virgen y participar del festejo popular.
Banderines de colores adornaban cada una de las casas y puestos de los pobladores de La Asunción, en Lavalle, quienes recibieron ayer miles de visitantes durante la segunda jornada de la celebración de la Virgen del Tránsito. Rojo indicaba la venta de chivo y carne; amarillo correspondía a pasteles y empanadas; al verde se le asignó pan, tortas y sopaipillas; violeta para las artesanías y así en adelante.
Es que el festejo que combina el fervor religioso con la alegría popular es la oportunidad ideal para que los vecinos den a conocer los manjares y servicios con los que- en muchos casos- reciben a los turistas todo el año.
En esta edición el clima primaveral dejó atrás al crudo invierno y motivó la participación de un mayor número de asistentes. Desde el stand de informes, dedicado a recibir y orientar a los recién llegados, calcularon al presencia de aproximadamente 30.000 personas durante toda la fiesta que culmina hoy.
Ocupado en el trajín de la atención al público, desde el puesto San Lucía, Juan Lucero se mostró satisfecho con la concurrencia. «Yo alquilo a carpas y tengo el predio lleno», remarcó el hombre con la mirada perdida en su terreno. Para él hasta ayer había llegado más gente que otros años.
«Los días se están portando muy bien con nosotros y eso ayuda mucho», aseguró. Desde allí ofrecen desde mate y sopaipillas, hasta cerveza, carne a la olla y un delicioso chivo.
Un aspecto fundamental, tanto para él como para todo el grupo de turismo que funciona en ese paraje es que la gente que llega los conoce y luego vuelve los fines de semana. «No sólo ganamos clientes, sino también amigos que después nos siguen acompañando», contó satisfecho.
Don Carmelo del Puesto El Águila fue otro de los dedicados anfitriones de la celebración. «Ha venido mucha gente a acampar y también a comer, tanto que tenemos todo reservado», destacó mientras adobaba dos chivitos que luego convidaría a los asistentes. Según su visión, el sol de la jornada de ayer predispone mejor a los visitantes que llegan por primera vez.
«Nosotros abrimos nuestras casas y ofrecemos lo que tenemos todo el año», remarcó, mientras reconoció que por estos días tiene mucho más trabajo.
Jorge González, más conocido como Coco, ofrece además de su predio para carpas y casillas rodantes, habitaciones completas para pasar la noche. «Hace un tiempo construí unas habitaciones al lado de mi casa y a la gente le gusta mucho», contó y aseguró que este festejo es una oportunidad ideal para alquilarlas. Como sus vecinos él también vende platos típicos y bebidas.
Los banderines de colores que identificaba cada uno de sus puestos son parte de una iniciativa de la Dirección de Cultura y Turismo de la comuna lavallina. «Se ha organizado a la gente de la zona para que tengan banderines que permitan identificar lo que venden así orientar a los visitantes», detalló Enzo Gómez de esa cartera. En el stand de informes tenían carteles con las referencias de cada color para difundir entre la concurrencia.








