Los corazones lasherinos se paralizaron durante esos segundos. A los 46’ del complemento, con el juego 2-1 después de que el Globo despilfarra mil y un chances de gol, Biasotti, solito y solo en el corazón del área, tomó un despeje fallido de la defensa local y estrelló su remate en el palo izquierdo de un Agüero que ya se resignaba.
¡Clanc! Y pitazo final. ¡Así de dramático fue el cierre del encuentro en el General San Martín! Con los hinchas tomándose la cabeza y los jugadores sufriendo lo que no debieron sufrir. Se pasó con susto y no era necesario, porque Huracán LH fue mucho más que Peñarol a lo largo de esos 180’ que duró la llave.
Allá y acá demostró sus credenciales de candidato serio frente a un rival que equilibró fuerzas desde lo físico y con pelota parada, sostenido por un Biasotti que, a sus 42 años, sigue mostrando sus enormes condiciones.
Lo superó por derecha durante el primer tiempo. La inclusión de Cámara por Emanuel Lucero, expulsado infantilmente en la ida, permitió ese desequilibrio que soñaba la dupla técnica lasherina. Con Guerra encendido y Aguilar rompiendo con sus diagonales, no tardó mucho en alcanzar la apertura del marcador, vía Cristian Lucero.
El “Torito” apareció en su hábitat natural para empujar a la red, sin oposición, un centro bajo de Aguilar y todo parecía encaminarse a una goleada.
Y si bien dejó una sensación de enorme superioridad en el aire norteño, falló en el remate final y la diferencia con que llegó al descanso amenazó nubarrones que Aguilar intentó despejar con ese gol, apenas iniciado el complemento.
Pero ya dijimos que los sanjuaninos equilibraron el encuentro desde lo físico, mientras el Globo despilfarraba una tras otra las chances de gol que generaba.
Primero falló Cámara ante el achique del “1” visitante, luego fue el turno de Lucero, quien ganó en la corrida a un defensor y definió débil a las manos del arquero y ahí nomás llegó la jugada de Moyano para la llegada del Torito y otra vez el arquero tapando el arco rival.
Si hasta el Fideo Fernández tuvo un centro atrás que remató por encima del travesaño. Y en cada acción que erraba el equipo de la dupla, el desgaste se hacía evidente.
Peñarol decidió atacarlo desde la pelota parada frontal y tuvo varios de esos lanzamientos para volver a ponerse en partido.
Llegó el golazo de Jorquera (enganche delicioso dentro del área y balón al ángulo) para decretar suspenso y entregar sensaciones encontradas en cada rincón del General San Martín. Nadie dudaba de las enormes diferencias entre uno y otro equipo, pero si del “a río revuelto…”.
Y el partido se fue perdiendo en los roces normales por lo que se jugaba. Llovieron varios centros al área local hasta ese minuto 46, cuando fallaron los de rojo y ese individuo de blanco, con vincha a lo Gatti, estrelló un remate en el palo.
Fueron quince segundos sin oírse un solo latido en Las Heras. Hasta que Ceballo dijo “no va más” y estalló el pueblo norteño. Ese que ahora esta de fiesta y sueña.







