Señor lector, señora lectora traten de imaginar que dentro de una gran fiesta, como la de la Vendimia, se juega un partido de fútbol. De esa manera podrá entender lo que se vivió ayer en el Malvinas Argentinas con dos hinchadas de las más numerosas del fútbol mendocino.
No importó la categoría, sí importó dejar bien en alto los colores de su equipos, de su barrio, de su casa.
Que se enfrentaran Independiente y Huracán fue una excusa para que los que extrañamos el fútbol de antes, ese que se jugaba con las dos hinchadas, nos demos una panzada de color.
La añoranza por aquellos años de los duelos de hinchadas, de clásicos históricos hizo que muchos tengan la mirada puesta en las populares y dejar pasar un poco el partido que se disputaba en el césped.
¿El partido? Ahí ganó la Lepra con un gol del uruguayo Rodríguez con la ayuda de un jugador del Globo, pero eso es algo anecdótico porque fue un partido de pretemporada, con dos equipos que estaban duros y que les faltaba la fineza de la competencia.
El verdadero partido estuvo en las tribunas, allí donde la gente volvió a decir presente y a pedir a gritos que vuelvan los visitantes. Pero esto fue apenas un lunar, ya que en la mayoría de los partidos hubo disturbios (ayer también los hubo, pero fueron menores).
Sobre el partido hay que decir que fue el primer partido para ambos planteles. Independiente bajó hace pocas horas de Uspallata, luego de hacer para parte más fuerte de los trabajos y el Globo arrancó el jueves con los entrenamientos con la Copa Argentina como objetivo.
En el primer tiempo fue Independiente el que puso la jerarquía y Huracán el corazón. La Lepra aprovechó las dos chances que tuvo para marcar. La primera fue un desborde que no pudo empujar Curuchet y la segunda fue el gol de Rodríguez, luego de un desvío en un jugar de Huracán.
Después de ponerse en ventaja los muchachos de Martín Astudillo manejaron el ritmo del partido, pero Huracán era como ese boxeador que ese sabe perdedor pero que tiene una mano guardada y casi la aprovecha con una pelota que Gabriel Moyano intentó picar por encima de Aracena.
En el segundo tiempo Independiente cambió todo su equipo, pero a pesar de tener piernas más frescas fue Huracán el que se adueñó del partido de la mano de Matías Guerra.
El ex jugador de Maipú fue el administrador de la pelota en el Globo y desde el banco saltó un socio: Rodrigo Stipech. Entre ambos comenzaron a darle otro vuelo futbolístico al equipo y así los lasherinos casi llegan al empate, pero la mala puntería y la mala fortuna no les jugó a favor.
Ambos saben que tienen que mejorar, que tienen que ensamblar piezas para el futuro cercano, pero por ayer el fútbol de Mendoza tuvo un feliz domingo.







