En la Bombonera, el xeneize jugó mal y cayó 3-2 (5-3) ante Independiente del Valle, que jugará la final ante Atlético Nacional de Medellín.
Boca se debía a si mismo una recuperación de la autoestima con todos los condimentos: volumen de juego, mentalidad fuerte, actitud y aptitud complementadas, convencimiento en su propia potencialidad y sobre todo retroalimentación con la energía que bajaba desde la tribuna hacia el campo de juego y viceversa. A lo Boca, valga la expresión que parece en estado de hibernación durante temporadas sucesivas. Y con fútbol en el sentido pleno, lo cual podía robustecer sus posibilidades mucho más que si hoy se pusiera el foco en un hecho fortuito o circunstancial.
Sin embargo, ese equipo compacto y sólido apenas se vio en dos mini ciclos: uno de 5 minutos al comienzo del partido y otro de 4 en el cierre de la etapa inicial. En los 81′ restantes, hubo una parodia más que una realidad. Y ni siquiera el efecto Guillermo Barros Schelotto, con ese ADN gestado en la etapa fundacional de la era Bianchi, pudo sostener la identidad de imbatibilidad que en estos ciclos está dejando la impresión de alejarse como sinónimo de la Bombonera.







