Sin jugar bien, la Selección argentina le ganó 1-0 a Chile con gol de Messi, de penal, y quedó en zona de clasificación directa para el Mundial de Rusia 2018.
Argentina comenzó mostrando mucha presión e intensidad en los primeros minutos, siendo Agüero e Higuaín los primeros en hostigar la salida de Chile, más allá de que el Pipa también se tiró unos metros atrás para ofrecerse como alternativa en la elaboración del juego.
#EliminatoriasEnTyC ¡GOL DE ARGENTINA! Messi, de penal, pone el 1-0 ante Chile en el Monumental. Miralo EN VIVO: https://t.co/3i0wAgYlkA pic.twitter.com/8PrlkUVoUX
— TyC Sports (@TyCSports) 23 de marzo de 2017
La imposibilidad del equipo de Pizzi para coordinar jugadas limpias desde su última línea se debió en gran parte a la concentración que tuvo la Selección para lograr ese cometido, fundamentado en la entrega y la solidaridad de sus jugadores de mitad de cancha hacia adelante.
Por supuesto, cada vez que la pelota pasó por Messi un presagio de felicidad rondó por el Monumental, como por ejemplo cuando con un pase largo, pero milimétrico, dejó solo a Di María que definió por arriba de Bravo, pero el arquero alcanzó a tocar la pelota en el borde del área grande para frustrar el primer grito de la noche.

A pesar de la chance dilapidada el momento llegó, su momento llegó, siempre parece que va a llegar y así fue. Mascherano habilitó de gran manera a Di María, que volvió a surcar el costado derecho de Chile y el ex Boca José Fuenzalida ¿tocó? al ‘Fideo’ en el área para que el árbitro Sandro Ricci sancionara penal. Y una vez más llegó el momento de Leo. Se paró con seguridad ante Claudio Bravo, ex compañero en el Barcelona y tristemente viejo conocido de las finales de Copa América, y envolvió la pelota con esa zurda llena de magia para ponerla pegada al palo izquierdo y festejar el gol argentino que rompió la paridad y que valdría un triunfo clave.
El tanto trajo tranquilidad y paciencia, pero también una merma en la intensidad a la hora de presionar y algunos pelotazos inconducentes de Rojo y Otamendi para Higuaín o Agüero, quien pareció algo desconectado del equipo por momentos.
De esta manera, Messi no pudo hacerse del balón, comenzó a retroceder unos metros y, en consecuencia, el equipo de Bauza perdió profundidad en el ataque. Solo consiguió una jugada clara de gol, pero fue a través de la pelota parada, cuando Otamendi increíblemente solo ante el arco la punteó por encima del travesaño.
Así se fue el primer tiempo. Pese a la exigua ventaja y sin una clara superioridad en el juego, Bauza decidió el ingreso de Mateo Musacchio en lugar del sanjuanino Emmanuel Más para el inicio del complemento, pasando a Marcos Rojo al lateral izquierdo para intentar la conformación de una defensa más sólida. En tanto, Chile mostró una actitud más ofensiva, se adueñó de la posesión y fue progresando en el dominio territorial, pero careció de un jugador claro en la mitad de la cancha y todos los intentos terminaron en pelotazos improductivos en esos primeros quince minutos de la segunda etapa.
Los minutos finales fueron como lo imaginábamos todos los que vimos el partido: Chile asediando el arco de Argentina y los de Bauza revoleando todas las pelotas hacia arriba y mirando de reojo el tiempo en la enorme pantalla que corona la tribuna Sívori del estadio Monumental.
De esta manera la Selección solo hizo lo que debía y necesitaba, que era ganar, pero sin dudas es preocupante el funcionamiento colectivo, la excesiva dependencia de Messi y la escasa interpretación del equipo a la idea táctica y futbolística de Edgardo Bauza.







