Cada año, la ciudad de Gualeguaychú (Entre Ríos) realiza la Fiesta del Turismo y elige a una reina. Sin embargo, para esta edición decidieron designar “representantes culturales”, para superar los criterios de belleza. Los organizadores de los corsos populares de Carnaval optaron por seguir la misma línea. La medida pone en la mirada pública, una vez más, estos concursos en todo el país.
Mendoza, tierra de Vendimia, no queda al margen de este cuestionamiento, ya que la elección de la reina es parte significativa del Acto Central, como también de la Vía Blanca y el Carrusel. El secretario de Cultura, Diego Gareca, reconoció que la designación de la soberana termina siendo un concurso de belleza, aunque también señaló que hay diferencias entre nuestra fiesta y la de Gualeguaychú.
La principal, indicó, es que si bien se ha ido perdiendo en el tiempo, el sentido de la votación de una Reina de la Vendimia era rendir tributo a las trabajadoras de la viña. En tanto, en otros certámenes y en los corsos de Carnaval hay un marcado culto a la mujer como objeto.
Por eso, estimó poco probable que se llegue a una decisión como la de Gualeguaychú, pero sí opinó que se debe favorecer el diálogo sobre estas cuestiones. En particular, cuando se toman en consideración los últimos y reiterados hechos de violencia hacia la mujer.
El ámbito propicio, indicó Gareca, puede ser el de las reuniones que mantendrán con los directores de Cultura de cada municipio en el marco de la organización de la Fiesta de la Vendimia.
De todos modos, señaló que si bien se trata de una tradición muy arraigada, se han ido modificando los reglamentos de elección, lo que ha permitido situaciones como la de una fiesta distrital, el año pasado, en la que fueron candidatas tanto madre como hija.
Mujeres como objetos
Eva Rodríguez, secretaria general del Instituto Multidisciplinario de Estudios de Género y Mujeres (UNCuyo), indicó que sectores cada vez más amplios de la sociedad han empezado a cuestionar los parámetros para pensar las relaciones entre hombres y mujeres y los roles de cada uno.
También, el hecho de que los atributos de belleza y juventud sean excesivamente valorados. A esto se suma que, en Latinoamérica no existe una tradición monárquica, por lo que elegir reinas corresponde a un modelo foráneo.
La investigadora planteó que el hecho de que las mujeres sean consideradas como objetos de belleza, para ser admiradas y no como seres pensantes, es una limitación, una forma de sujeción.
Además, resaltó que la violencia surge de los micromachismos y, para ilustrarlo, comentó que ocurre algo similar con los piropos, cuando se toma como algo normal que un hombre diga groserías a una mujer, pero eso puede conducir a naturalizar tocarla en la calle o incluso llegar al abuso.
Mujeres en competencia
Valeria Hasan, integrante de la Red PAR (Periodistas de Argentina en Red por una comunicación no sexista), planteó que los concursos de belleza son formas de cosificación de las mujeres. En este sentido, resaltó que la Reina de la Vendimia poco tiene que ver actualmente con el trabajo en la viña, como sí era en sus orígenes cuando se elegía a la soberana entre las vendimiadoras.
La también investigadora del Conicet reconoció que se trata de procesos culturales arraigados y de ahí que muchos cuestionen que se discuta la elección de la reina porque se trata de una tradición. También están los que resaltan que es parte significativa de la Fiesta de la Vendimia, que atrae al turismo.
Sin embargo, Hasan indicó que las tradiciones se pueden cambiar, tal como se va modificando la sociedad. De hecho, resaltó, antes las reinas que quedaban embarazadas debían dejar su mandato y no les estaba permitido casarse durante su reinado. Pero los requisitos fueron revisados y esas situaciones fueron excluidas como causal de abandono de la corona.
La ley provincial 8.740, que se aprobó en febrero de 2015, fija además que se puede presentar como aspirante a la corona vendimial cualquier persona con DNI femenino y que no importan la altura ni la edad (sí debe ser mayor de 18 años).
Hasan manifestó que se debe pensar qué cosas se están poniendo en valor como sociedad, ya que en los concursos se refuerzan estereotipos de belleza en las jóvenes. Aún más, se promueve la competencia entre las mujeres.
Para ella, lo fundamental en el caso de Vendimia es revisar quién puede promocionar mejor a la provincia; si es necesario que sea una mujer o puede ser también un hombre; y si deberían influir la clase social, la edad y el aspecto físico.
De reinas a representantes
El año pasado, la diputada nacional Gloria Bidegain (FPV) presentó un proyecto para que las reinas, princesas y miss de los concursos de belleza pasaran a llamarse representantes. La intención de la propuesta era favorecer cambios culturales, ya que destacaba que la violencia hacia las mujeres comienza con la cosificación y la violencia simbólica.
Cuando se dio a conocer, la iniciativa desató revuelo e incluso generó que soberanas de distintas partes del país se unieran para evitar que avanzara. Aunque logró el aval de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, debía obtener el de la Comisión de Familia antes de llegar al recinto para su tratamiento; algo que finalmente no ocurrió.
Bidegain proponía no sólo un cambio de denominación sino también que se dejaran de utilizar los atributos monárquicos como corona, cetro y bandas.
Además, establecía que no debían ser condicionantes para participar el estado civil o un embarazo; que debía evitarse la difusión de características corporales como edad, altura o peso; que podían presentarse personas con discapacidad; y que debía respetarse el género auto percibido de la postulante.
El cambio de Gualeguaychú
El secretario de Turismo de Gualeguaychú, Gastón Irazusta, detalló que cuando comenzaron a organizar el festejo para el 8 de diciembre, les pareció que no era coherente que el municipio hubiera creado un área de lucha contra la violencia hacia las mujeres y se eligiera a una Reina del Turismo.
“Este tipo de eventos conlleva una cierta violencia simbólica. Nos resultó disonante que, para representar a la ciudad, solamente nos quedáramos con el criterio de belleza física”, reconoció. De ahí que prefirieran ampliar la mirada y poner énfasis en las acciones de los designados.
A partir de este año ya no se elegirá una reina sino que los habitantes de Gualeguaychú podrán votar a sus representantes culturales entre personalidades reconocidas por su labor social, cultural o activismo ambiental.
Aun más, Irazusta detalla que en la ciudad los organizadores del corso popular coronaban a una reina, aunque el criterio no eran tanto los cánones más comunes de belleza sino el despliegue durante el desfile. Pero de todos modos, en 2017 entregarán un premio a un personaje destacado del carnaval, hombre o mujer.
“Se empieza a recorrer otro camino”, planteó Irazusta.



