El INTA abrió sus puertas y mostró su producción

Ajeno al bullicio y gentío que lo rodeaba, Leandro Zapata (5) miraba absorto el movimiento de las abejas tras el vidrio. “Hay una sola reina por colmena. No te olvides. Es ésa que tiene pintadita la espalda, la que pone todos los huevos”, le indicó con erudición a su papá Sebastián.

Aún vestía el guardapolvo de la salita de 5 de La Riojita y llevaba a su casa de souvenir dos plantines: uno de rúcula y “otra planta que me gustó”, dijo.

Estudiantes de todas las edades, turistas, productores, industriales y familias enteras recorrieron ayer las instalaciones del INTA La Consulta para conocer los experimentos, las investigaciones, las tareas y producciones que allí se gestan.

Antes del mediodía, más de mil personas ya habían ingresado a este enorme predio, ubicado sobre la vieja ruta 40, y superaron las 2 mil cuando se puso punto final a la jornada, pasadas las 17. Tanto fue así que los colectivos escolares, camionetas y vehículos particulares desbordaron los sitios previstos para el estacionamiento.

Ferias de productores, muestra de trabajos escolares, exposición de maquinaria, juegos, visita al campo, degustaciones y otras actividades fueron parte de esta gran fiesta dedicada a la tierra y el trabajo compartido.

Esta primera edición de “INTA de Puertas Abiertas” fue tomando forma desde principios de año. Fue una propuesta de los consejos asesores (productores y técnicos) del Valle de Uco.

“La mayoría de la gente de la zona sabe que aquí funciona el INTA, pero no entiende bien qué acciones se llevan a cabo. El objetivo básico fue visibilizarlas, para acercarnos a la comunidad y que sean cada vez más los que aprovechen los resultados de tanto trabajo”, resumió la ingeniera agrónoma Laura Costella.

Lo cierto es que la institución cumplió a rajatablas lo de “puertas abiertas”.

No hubo llaves ni sitios cercados. Los visitantes pudieron participar de una cata entre viñedos, ingresar al laboratorio para analizar la calidad de las hortalizas, producir su propio plantín en el invernáculo, recorrer los surcos de azafrán y hasta aprender a medir las horas sol en un helioganógrafo en el campo de observación meteorológica.

“Estamos muy contentos. Nos enteramos del evento por Facebook. ¡Nos llevamos de todo!”, dijeron Marta y Sergio, turistas de Capital Federal que salían del lugar con las manos cargadas de plantas aromáticas, semillas y aceites.

En el banco de germoplasma, un grupo de alumnas de la escuela EBTA de Tunuyán jugaban a adivinar de qué variedad de hortaliza era cada semilla en una gran rueda de la fortuna.

Entre los surcos, los chicos de la Camilo Carballo del Cordón del Plata, Tupungato, analizaban el sistema de riego por goteo en el cultivo de ajo. “Ésta es su modalidad y están muy entusiasmados”, dijo el profe Daniel Peralta.

Los estudiantes de las carreras de Turismo del IES 9-009 de Tupungato oficiaban de anfitriones en la entrada y de guía. si era necesario.
Con buena música, experiencias compartidas en radio abierta y excelentes aromas gastronómicos, una parte de esta estación experimental agropecuaria mutó en patio de comidas y una gran feria de productores.

“Ésta es una buena manera de mostrar lo que hacemos”, dijo Andrés Videla de Apitum (productores de miel de Tunuyán).

Decenas de asociaciones y grupos de Cambio Rural tuvieron su stand pero las escuelas y terciarios también hicieron lo propio. Alejandro, Nicolás y Damián, de la Técnica Integración, expusieron su interesante invento: una bicimochila para fumigar.

“Es política de la institución realizar charlas y asesorar a los productores”, dijo Carlos Ocañas mientras explicaba a estudiantes de Agronomía cómo se usan los geotermómetros y los pluviómetros.

Daniel Pizzolato, coordinador del INTA en el Valle de Uco, destacó el saldo positivo de este encuentro y “el desafío de seguir estrechando vínculos con la comunidad”.

La huerta, una escuela a cielo abierto

Sofía, Ana Abril, Luna y Pilar entregaban paquitas de San Antonio hechas en goma eva entre el público. “Son coccinélidos de la suerte”, remataron con naturalidad: “Las estudiamos porque se utilizan como un control biológico contra ciertas plagas”.

Como ellas, muchos chicos de escuelas primarias del Valle de Uco participaron en la jornada del cierre del programa “Huerta Orgánica en una Escuela Saludable”, que llevan adelante la DGE, Irrigación y el programa Pro Huerta del INTA, que realiza capacitaciones para docentes.

En esta gran muestra final, cada escuela expuso sus trabajos, muchos que han llegado a Ferias de Ciencias. Huertas aéreas (sin suelo), usando energías alternativas e innovadores controles de plagas fueron algunas de las iniciativas que se ganaron el aplauso de los presentes.